Raimon Panikkar

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La puerta estrecha del conocimiento

 




Las consideraciones de Raimon Panikkar sobre ciencia y religión se mueven sobre tres planos propios del enfoque panikkariano: a) la polémica contra la ecuación que considera que lo real és lo cognoscible, b) la consiguiente apertura al pluralismo, pero c) animado siempre por la sacralidad de la contingencia de nuestras visiones del mundo. La condición “relativa” y “relacional” de nuestra contingencia es la que nos abre a la tempiternidad y a la percepción cosmoteándrica.
Panikkar desarrolla tres motivos críticos y tres posibles puentes entre religión y ciencia, que intento resumir aquí:
1. Para Panikkar religión y ciencia son dos formas de conocimiento, dos maneras de concebir el mundo, pero no son EL conocimiento.
La ciencia es una metodología para estudiar los aspectos cuantificables y mensurables de aquello que no conocemos, pero no está preparada todavía para pensar lo que está más allá de lo cuantificable.
También la mística es una forma de conocimiento a partir de la experiencia de la vida en su integridad, pero también en su parcialidad, contingencia y relatividad.
Tanto la ciencia como el cristianismo emergen como formas particulares y de algun modo restringidas del pensamiento y del conocimiento.
2. La cosmovisión humana no puede prescindir de la contribución de la ciencia, aunque sea monocultural, monorracional y autosuficiente. Por otra parte es necesario admitir que la cosmovisión cristiana es (mono)teista, antropocéntrica y acrítica.
Al decir que la ciencia es monocultural Panikkar intenta poner en evidencia que se deben reconocer en la cosmovisión científica las raíces de toda una tradición cultural y filosófica occidental. Otras culturas alimentan una relación diferente con la idea de tiempo, de repetición, de proceso. En el buddhismo, por ejemplo, se pone el acento sobre la ilusoriedad de los fenómenos e incluso de los estados de conciencia. Lo importante es reconocer el monoculturalismo de la ciencia.
La visión científico-moderna del mundo tiene también la pretensión de ser racional, en el sentido de la racionalidad matemática, y excluye otras formas de racionalidad y conocimiento. La ciencia moderna estudia sólo lo razonablemente posible; no puede, por lo tanto, explorar aspectos de la realidad que no pueden conocerse a partir de este enfoque. Un ejemplo entre muchos: la imaginación es una forma de conocimiento que, estrictamente hablando, está fuera del método científico, a la que no obstante deben recurrir continuamente los científicos. Decir que la ciencia es autosuficiente significa reconocer que no tiene ningún dogma de contenido, pero sí que tiene un dogma irrenunciable que és el método. Después de considerar los límites de la ciencia, la reflexión de Panikkar se dirige a los límites del enfoque cristiano. El monoteismo está restringido a un espacio cultural preciso y no és universal. El gran reto del pensamiento cristiano en el umbral del tercer milenio es superar el monotesimo, profundizando la experiencia de la Trinidad radical, la intuición cosmoteándrica.
3. El conflicto entre cristianismo y ciencia no es un conflicte entre razón y fe, sino un conflicto entre cosmovisiones que invita a la simbiosis provisional del conocimiento humano: el encuentro entre el pensamiento científico y el pensamiento religioso no tiene que realizarse ni en el campo de la ciencia ni en el de la teología, sino entretejiendo cosmoviones distintas en una urdimbre común.
Las creencias y las culturas se entretejen en una urdimbre compleja que es en gran medida simbólica y mítica. Si el error de otras épocas fue una subordinación acrítica al mito, el error de nuestro tiempo no és distinto; sólo que el mythos ahora es la creencia de haber desmitizado la realidad.
Panikkar sugiere tres puentes posibles entre ciencia y religión:
a) Agnôsia de toda gnôsis (parcialidad de todo conocimiento). b) Reconocimiento de los límites del pensamiento científico. c) Reconocimiento de la relatividad del pensamiento cristiano.
Por lo tanto conviene recuperar la antropología tripartita tradicional que considera al hombre como un ser formado por cuerpo, alma y espíritu. Como cuerpo somos materia viva, como alma somos autoconscientes, como espíritu somos divinos. El hombre es material, consciente y divino en su misma naturaleza, donde naturaleza no es solamente physis sino percepción psíquica de lo que llamamos espacio, tiempo, materia, y otros fenómenos físicos que tienen en la percepción humana una dimensión cualitativa que completa aquella otra dimensión cuantitativa y que es al mismo tiempo estética y espiritual.

traducción del italiano

“Scrivere, per me, è vita intellettuale
e anche esperienza spirituale…
mi consente di approfondire il mistero della realtà.”