Lo que habitualmente se conoce como filosofía, la nacida en las riberas mediterráneas, ha reducido la llamada «filosofía de la India» a lo que podía encabestrar en los parámetros filosóficos occidentales. Esta obra, desde la atalaya de la cultura sánscrita clásica, pretende presentar otro panorama que acaso pueda liberar a la filosofía de este reducto monocultural que tiene en Occidente y despertar una esperanza frente a la situación precaria de la «modernidad» y sus epígonos.
La obra parte presentando la dicotomía postrenacentista entre filosofía y teología como la responsable de que una buena parte del quehacer intelectual de la India haya sido considerada como «teología» y por tanto excluida del interés y del estudio por parte de Occidente, para después reflexionar, primero, desde una perspectiva occidental, y luego, desde la perspectiva índica, sobre las semejanzas y diferencias entre lo que viene llamándose filosofía.
Incluso un estudio superficial de la civilización índica muestra su apasionada búsqueda de una sabiduría última que, al mismo tiempo, no mutile otros aspectos reales de la vida. Encontramos un esfuerzo similar en la aventura occidental. Sin embargo, en ambas tradiciones hallamos la doble tentación de descuidar, por una parte, los derechos de las esferas más inmediatas de la experiencia y, por otra parte, la reacción opuesta de marginar lo metafísico para dedicarse a lo físico. En conjunto, la primera tentación ha sido más poderosa en la tradición índica y la segunda en la occidental, especialmente en la época moderna. Una filosofía para nuestro tiempo no puede ser una fuga mundi, un intimismo espiritualista, un enajenamiento de la condición humana, ni una adoratio mundi, una obsesión temporalista, un sofocamiento en la misma finitud humana.
El reto actual para ambas tradiciones consiste en dejar espacio para lo concreto sin descuidar lo último, en descubrir la ontonomía de las ontologías regionales sin olvidar la no-dualidad de la realidad, e incluso del conocimiento.