«Después de tantos siglos de tensiones más o menos fuertes, con victimas por ambos lados —víctimas producidas precisamente entre los individuos mas sensibles e inteligentes—, y en los que no sólo el cristianismo salio perdiendo, sino que tambien la ciencia sacrifico buena parte de su armonia y complementariedad, parece llegada la hora de establecer algo mas que una paz política, como la que ahora quiere pactarse con Galileo. No será por decreto como se realice esta tarea, aunque una politica inteligente, ausente en otros tiempos, podria ayudar mucho.
Después de caer en la cuenta de la situación mundial a que nos han llevado tanto la ciencia como el cristianismo, no podemos contentarnos con actitudes defensivas y apologéticas, hablando de la dignidad del cristianismo y la indignidad de los cristianos, de la verdad de la ciencia y del mal uso de las tecnologías. Ni cristianismo ni ciencia son ideas o teorias desencarnadas, existentes sólo en un mundo platónico, sino dos realidades humanas. Y a la simbiosis entre ambas no se llega ni por decreto ni privilegiando un saber por encima de otro, sino abriéndose a la luz, venga de donde venga, la cual, recogiendo la frase evangélica, es la vida del hombre, del homo sapiens».